Pasar al contenido principal
Un robot construye otro robot
¿Un avance tecnológico hacia un futuro innovador o una amenaza al estilo de Skynet (Terminator)?

Fundada en 1992 y surgida del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la empresa Boston Dynamics se ha consolidado como un referente mundial en el ámbito de la robótica avanzada. Conocida por sus espectaculares innovaciones y sus robots dinámicos, como BigDog —un robot cuadrúpedo diseñado para el ejército estadounidense—, la empresa no ha dejado de superar los límites de la tecnología.

Tras el éxito ya demostrado de sus robots Spot —diseñado para proporcionar información importante sobre el estado de las instalaciones industriales y detectar situaciones potencialmente peligrosas— y Stretch —diseñado para mejorar lala eficiencia y la rapidez en los almacenes gracias a su capacidad para manipular cajas de todo tipo y tamaño, la empresa inicia hoy un nuevo capítulo con la presentación de una nueva versión de su emblemático robot humanoide destinado a tareas de búsqueda y rescate, Atlas, lo que supone un avance significativo en el diseño y la aplicación de la robótica.

Tras una década de desarrollo e innovación con el famoso robot humanoide, la empresa Boston Dynamics, ahora filial de Hyundai, pone fin al modelo hidráulico que fascinó al mundo por sus habilidades para bailar y desplazarse, pasando a un modelo totalmente eléctrico. El nuevo Atlas eléctrico no es solo una actualización técnica, sino una reinvención completa. Al abandonar los actuadores hidráulicos, este robot adopta una tecnología eléctrica que le confiere una mayor fuerza y una amplitud de movimiento sin precedentes. El Atlas eléctrico cuenta con nuevas variantes de pinzas, dispositivos diseñados para permitir al robot interactuar con un objeto, así como con herramientas de inteligencia artificial, entre las que se incluyen el aprendizaje por refuerzo y la visión por ordenador, que le permiten adaptarse de forma rápida y eficaz a situaciones complejas del mundo real. Este avance se ve respaldado por la integración del software Orbit de Boston Dynamics, una plataforma que centraliza la gestión de la flota de robots, los planos de las instalaciones y los datos para una transformación digital optimizada.

Boston Dynamics no solo pretende impresionar a la comunidad científica ni crear un proyecto de I+D espectacular. El objetivo es comercializar el Atlas eléctrico, colaborando estrechamente con clientes innovadores, entre ellos Hyundai, para probar y perfeccionar las aplicaciones del robot en diferentes entornos y, en este caso concreto, en instalaciones industriales. Este enfoque tiene como fin garantizar que el robot pueda ofrecer un valor añadido real y tangible.

La introducción del Atlas eléctrico abre nuevas perspectivas en diversos sectores, especialmente en el ámbito del rescate (su misión principal). Un ejemplo concreto de sus capacidades sería la búsqueda de supervivientes bajo los escombros tras una catástrofe natural. La construcción es otro sector en el que podría resultar útil, especialmente para tareas pesadas que requieren el montaje de maquinaria pesada, mejorando la eficiencia y reduciendo el riesgo de lesiones para los trabajadores. Esta capacidad también es aplicable al sector de la industria manufacturera, en el que el robot podría, además, detectar signos de averías y realizar reparaciones para mejorar la productividad minimizando los tiempos de inactividad. 

Sin embargo, este avance tecnológico no está exento de retos y riesgos. Uno de los principales retos radica en la creciente autonomía de los robots. Aunque esta autonomía está concebida para mejorar el rendimiento de los robots, plantea cuestiones cruciales sobre la seguridad y la ética. El paralelismo con la IA Skynet de la saga «Terminator» resulta inevitable cuando se tienen en cuenta los riesgos potenciales relacionados con los sistemas autónomos inteligentes.

En primer lugar, en cuanto a autonomía y toma de decisiones, Skynet se vuelve autónomo, toma decisiones sin intervención humana y considera a los humanos una amenaza. 

De manera similar (aunque Atlas no esté dotado de conciencia), su creciente autonomía le permite tomar decisiones en tiempo real para realizar tareas complejas sin intervención humana. Si esta autonomía no se regula y supervisa adecuadamente, podría dar lugar a acciones imprevistas y potencialmente peligrosas. 

En cuanto a los riesgos de fallo o piratería, Skynet escapa al control humano. Del mismo modo, en caso de fallo o piratería, un robot autónomo como Atlas podría causar daños. Por ejemplo, en un contexto industrial, un fallo podría provocar accidentes graves, mientras que un ataque informático podría convertir a Atlas en una amenaza potencial, desviando sus capacidades hacia acciones maliciosas contra la maquinaria industrial.

La centralización de datos y los ciberataques representan otro riesgo importante. Skynet utiliza las redes y la centralización de datos para ejercer un control total y, del mismo modo, plataformas como Orbit, que centralizan la gestión de flotas de robots y sus datos, podrían convertirse en objetivos prioritarios de ciberataques. Una intrusión en estos sistemas podría permitir a los atacantes tomar el control simultáneo de varios robots, lo que agravaría los riesgos de sabotaje de infraestructuras críticas.

Por último, el impacto socioeconómico de estas nuevas tecnologías sigue siendo una preocupación importante. Skynet busca aniquilar a la humanidad, lo que provocaría una crisis existencial, mientras que la integración de robots autónomos como Atlas, si no se gestiona de forma ética y equitativa, podría provocar pérdidas masivas de empleo y agravar las desigualdades económicas y sociales. Es fundamental prever medidas para reciclar a la mano de obra y garantizar una transición tecnológica justa.

La nueva versión de Atlas, totalmente eléctrica, de Boston Dynamics, representa un avance tecnológico de gran importancia y ofrece perspectivas revolucionarias en diversos sectores. Solo un enfoque responsable permitirá garantizar que esta tecnología beneficie verdaderamente a la humanidad, evitando al mismo tiempo los escenarios distópicos descritos en la ciencia ficción. 

En Europa, la Directiva «Máquinas» 2006/42/CE, así como las normas ISO 10218-1, ISO 10218-2 e ISO TS 15066, ofrecen un marco para la seguridad de los robots colaborativos. El análisis de riesgos, tal y como se describe en la norma NF EN ISO 12100, es esencial para identificar y mitigar los riesgos relacionados con el uso de los robots.

Los robots como Atlas deben estar equipados con sensores sofisticados para detectar de la mejor manera posible el entorno y garantizar una interacción segura con las personas. 

Además, los robots deben obtener certificaciones que cumplan con las directivas europeas e internacionales, como la Directiva de Baja Tensión (DBT) 2014/35/UE y la Directiva sobre Compatibilidad Electromagnética (CEM) 2014/30/UE. Estas certificaciones abordan cualquier riesgo de descarga eléctrica o de interferencia electromagnética que pudiera afectar a otros equipos, comprometer su funcionamiento o suponer un peligro para las personas.

El nuevo Reglamento europeo 2023/1230, adoptado el 14 de junio de 2023 y que entrará en vigor el 20 de enero de 2027, sustituye a la Directiva 2006/42/CE. Este reglamento considera ahora el software como un elemento de seguridad esencial. Esto significa que el software integrado en las máquinas debe cumplir las mismas normas de seguridad que los componentes de hardware y debe someterse a evaluaciones de conformidad europeas para garantizar su fiabilidad y seguridad. Asimismo, introduce requisitos estrictos en materia de ciberseguridad industrial, garantizando que las máquinas conectadas estén protegidas contra las amenazas cibernéticas.

↑