Desde hace unos años, las filtraciones de datos están experimentando un aumento sin precedentes. No pasa una semana sin que se haga pública una filtración de datos. Desde plataformas de comercio electrónico hasta hospitales, pasando por bancos, federaciones deportivas, asociaciones, administraciones locales o ministerios, la conclusión es clara: ninguna organización está a salvo, independientemente de su tamaño.
La razón es sencilla: los datos se han convertido en uno de los recursos más lucrativos de la economía digital. Una sola intrusión puede permitir a un atacante sustraer millones de datos, que serán revendidos, reutilizados o explotados durante años.
Sin embargo, no todos los datos tienen el mismo valor. Los ciberdelincuentes dan prioridad a los datos que pueden monetizarse rápida y directamente o que pueden servir de punto de entrada hacia otras víctimas. Por lo tanto, los datos más buscados suelen ser:
Las credenciales de inicio de sesión (dirección de correo electrónico, contraseña y cookies de navegación) y cualquier dato profesional que permita acceder al sistema de información de las organizaciones
Los datos bancarios y de pago,
La información de identidad (nombre, apellidos, dirección, fecha de nacimiento, documentos de identidad)
Datos sanitarios
A continuación, los datos robados se revenden en plataformas clandestinas, donde alimentan el amplio mercado negro de la ciberdelincuencia. Estos datos (incluidos los faciales y de voz), considerados de gran valor, despiertan un gran interés, ya que pueden servir, entre otras cosas, para:
Suplantar la identidad de una persona
Vaciar una cuenta bancaria
Llevar a cabo campañas de phishing o spear phishing
Cometer fraudes del «falso presidente» y otros deepfakes
Eludir los dispositivos de seguridad
Tomar el control de cuentas en línea
Facilitar ataques de ransomware contra empresas
El valor de los datos no reside únicamente en la información en sí misma, sino en lo que permite obtener y en cómo se combina con otros datos. Una simple combinación de dirección de correo electrónico y contraseña puede dar acceso a varios servicios si la contraseña se reutiliza.
En materia de ciberdelincuencia, los datos son hoy en día una auténtica moneda de cambio: cuanto más recientes, numerosos y fiables sean, más valor tienen. Al cruzar las diferentes bases de datos comprometidas, los ciberdelincuentes van reconstruyendo poco a poco el perfil de las personas u organizaciones, lo que hace que sus ataques sean cada vez más creíbles y eficaces.
Ante estas amenazas, la mejor protección sigue siendo la prevención. Utilizar contraseñas únicas y seguras, activar la autenticación multifactorial (MFA), mantenerse alerta ante los intentos de phishing y comprobar periódicamente si los datos se han visto comprometidos son buenos hábitos que permiten reducir considerablemente los riesgos. Verificar las comunicaciones, incluso las procedentes de fuentes que parecen fiables (la confianza no excluye la verificación).
También existen empresas especializadas en la vigilancia y la protección de los datos de identidad, capaces de detectar la exposición de datos personales y de acompañar a las víctimas de suplantación de identidad.
En CnC Expertise estamos convencidos de que la sensibilización constituye el mejor escudo contra la ciberdelincuencia. Por eso ofrecemos cursos de formación dedicados a la ciberseguridad, adaptados tanto a organizaciones como a particulares, y compartimos regularmente consejos prácticos en nuestras redes sociales para ayudar a todos a adoptar los hábitos adecuados.
Si desea evaluar su nivel de madurez en materia de ciberseguridad, sensibilizarse o sensibilizar a sus equipos, o simplemente intercambiar opiniones sobre estos temas, ¡estaremos encantados de hablar con usted!
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