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Margaret Hamilton
Mujeres en el mundo de la tecnología: Margaret Hamilton

¿Cómo hablar de Margaret Hamilton sin mencionar el programa Apolo? Pero Margaret es mucho más que eso.

 Adelantada a su tiempo, en los años 60, criar a un hijo, tener al mismo tiempo un trabajo y, además, ocupar un puesto de responsabilidad en el ámbito científico, la convertían en alguien fuera de lo común. 

Aunque en aquella época la informática daba sus primeros pasos y apenas se reconocía, la responsabilidad que recaía sobre sus hombros no era nada desdeñable, sobre todo si tenemos en cuenta que ella y su equipo escribieron el programa del ordenador de a bordo, en concreto el del módulo lunar. 

Margaret nació en 1936 en Indiana, Estados Unidos. Tras finalizar la enseñanza secundaria, estudió matemáticas en la Universidad de Míchigan en 1955, antes de obtener la licenciatura en matemáticas en el Earlham College en 1958.

Se trasladó a Massachusetts con la intención de continuar sus estudios de Matemáticas Puras en la Universidad de Brandeis, pero finalmente decidió ingresar en el MIT en 1960 para desarrollar programas informáticos de predicción meteorológica en ordenadores para el profesor Edward Lorenz.

Entre 1960 y 1963 trabajó en el proyecto militar informático AN/FSQ-7, un sistema de mando y control de la defensa aérea. A modo de referencia, cada sistema pesaba 250 toneladas... En 1963 se incorporó al Laboratorio Draper del MIT.

A partir de ahí, Margaret comenzó a trabajar en las misiones del programa Apolo de la NASA. Rompiendo por completo con las normas de la época, a veces se llevaba a su hija al trabajo; ella cuenta:

«Recuerdo que me llevaba a mi hija conmigo por las noches y los fines de semana. Una vez, se puso a jugar a ser astronauta y, de repente, el sistema de simulación se colgó. Me di cuenta de que había seleccionado el PO1 —el programa de aterrizaje— durante el vuelo. Empecé a preocuparme y a pensar en lo que pasaría si los astronautas hicieran lo que ella acababa de hacer. Fui a ver a la dirección para decirles que había que introducir cambios en el programa. Me dijeron: «Eso nunca pasará, nuestros astronautas están muy bien entrenados, no cometen errores». En la siguiente misión, el Apolo 8, ocurrió lo mismo. Se seleccionó el PO1 en pleno vuelo».

La historia recordará que fue la calidad de los programas que ella y su equipo desarrollaron lo que permitió un alunizaje que, de otro modo, podría haber sido dramático.  

El 21 de julio de 1969, cuando el módulo estaba a punto de alunizar, tres minutos antes de que el módulo lunar del Apolo alcanzara la superficie de la Luna, se activaron repetidas alarmas informáticas. Estas indicaban que el ordenador estaba saturado. Además, tanto el ordenador de navegación como el de pilotaje transmitían órdenes contradictorias.

MH: «A raíz de un error en el manual que describía la lista de comprobación, el botón de apagado del radar de encuentro se colocó en la posición incorrecta. Esto provocó el envío de señales erróneas al ordenador. De este modo, se le pedía al ordenador que realizara todas las tareas relacionadas con el aterrizaje, al tiempo que recibía una carga adicional que consumía más del 15 % del tiempo de procesamiento. (...) El ordenador estaba programado para hacer algo más que simplemente identificar una situación de error. Se habían incorporado al software programas de recuperación que permitían eliminar las tareas con menor prioridad y ejecutar las más importantes. Si el ordenador no hubiera detectado el problema y emprendido esas acciones de recuperación, dudo que el Apolo 11 hubiera logrado aterrizar en la Luna como lo hizo».  

Sin un sistema de priorización de tareas en el software del módulo lunar que ella diseñó junto con su equipo, el 21 de julio de 1969 habría sido una fecha trágica.  

Tras la finalización del programa Apolo, Margaret Hamilton fundó una empresa informática junto con otra programadora estadounidense, Syadean Zelin, que había sido jefa del equipo encargado del diseño del software de control de los motores del módulo de mando del Apolo. 

En 1986 fundó y dirigió su propia empresa, Hamilton Technologies, y desarrolló un entorno de ingeniería de sistemas y desarrollo de software totalmente integrado. Margaret Hamilton ha recibido numerosos premios y distinciones; en 2017, Barack Obama le entregó la Medalla Presidencial de la Libertad, la más alta distinción de Estados Unidos.  

El trabajo que llevó a cabo junto con sus equipos contribuyó a definir los estándares y las buenas prácticas de lo que posteriormente se denominó «ingeniería de software». Su labor ha permitido dar forma a la manera en que se diseña, desarrolla y mantiene el software en la actualidad. 

Poniendo las cosas en su contexto, no era la única mujer que trabajaba en informática y programación, una materia nueva, sin gran interés en aquella época, pero que, sin embargo, resultó ser una de las claves del éxito de la conquista de la Luna y para traer de vuelta a los astronautas a la Tierra.  

En una entrevista concedida a la NASA, Margaret Hamilton recordaba los inicios de su profesión, en el seno del MIT: «Desde mi punto de vista, la experiencia con el software en sí misma era al menos tan emocionante como los acontecimientos que rodeaban nuestra misión… No había una segunda oportunidad. Lo sabíamos. Nos tomábamos nuestro trabajo muy en serio; muchos de nosotros empezábamos esta aventura con apenas 20 años. Encontrar soluciones y nuevas ideas era toda una aventura. [...] Como el software era un misterio, una caja negra, la dirección tenía plena fe y confianza en nosotros. Teníamos que encontrar un camino, y lo hicimos. Cuando echo la vista atrás, éramos las personas más afortunadas del mundo: no teníamos más remedio que ser pioneras».

Margaret Hamilton es uno de los personajes de Lego creados para rendir homenaje a las mujeres de la NASA (por iniciativa de Maia Weinstock). 


 

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