Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania, cada bando denuncia la propaganda y la manipulación de la información por parte del otro. Internet se ha convertido en el campo de batalla de esta propaganda, con una intensa guerra de palabras e imágenes. Ante la reacción occidental de suspender medios como RT y Sputnik, la respuesta rusa ha sido bloquear las redes sociales Facebook, Twitter e Instagram (prohibidas por extremismo).
Pero la cosa no queda ahí. Las autoridades rusas han bloqueado una quincena de medios de comunicación locales y regionales, lo que refleja la voluntad del poder de controlar la información sobre el conflicto. Posteriormente, el 4 de marzo, el Kremlin aprobó una ley destinada a sancionar a quienes publicaran «información falsa ». Así, se prohíbe a los medios de comunicación utilizar los términos «guerra», «ofensiva» o «invasión» para describir la situación. En su lugar, deben emplearse expresiones como «operación especial», «operación militar», «operación de mantenimiento de la paz» o «introducción de fuerzas militares».
Es en este contexto de censura, por ejemplo, en el que una periodista interrumpió bruscamente el telediario retransmitido en directo el lunes 14 de marzo de 2022, enarbolando una pancarta contra la guerra. Desde entonces, ha sido detenida.
Rusia acusa a Ucrania de haber cometido «un genocidio» en el Donbás y contra la población rusa. Los medios de comunicación rusos describen a las autoridades ucranianas como «nazis» y «terroristas», y consideran que son responsables de la escalada de violencia.
Varios analistas señalan que esta guerra es consecuencia de la desinformación rusa (difundida en ocasiones por medios de comunicación occidentales) y que Europa ha hecho la vista gorda ante este fenómeno durante varios años. En Francia, políticos de todos los bandos se han hecho eco de esta propaganda, llegando incluso a justificar la anexión de Crimea hace unos años.
Por parte de Ucrania, tampoco se han quedado de brazos cruzados, pero los medios son diferentes. Su estrategia no se basa en la desinformación a largo plazo, como hacen los rusos desde 2014 y el conflicto en el Donbás.
El 24 de febrero de 2022, el primer día de la invasión, apareció el «Fantasma de Kiev», un hipotético as de la aviación ucraniana que pilotaba un MiG-29 y que, según se dice, habría derribado seis aviones rusos. El Fantasma de Kiev tuvo un efecto positivo en la moral de las tropas, pero los vídeos de sus hazañas procedrían originalmente del videojuego Digital Combat Simulator (según L’Express).
Los ucranianos utilizan los vídeos al servicio de su propaganda y, por ejemplo, instrumentalizan a los soldados rusos prisioneros, ofreciéndoles café o la posibilidad de llamar a sus familias. Una estrategia cuyo objetivo es debilitar moralmente al bando contrario. Del mismo modo, en las redes sociales abundan los vídeos de material ruso destruido.
La estrategia de la propaganda ucraniana también consiste en influir en los medios de comunicación rusos y en su población. Para ello, el Gobierno de Kiev ha movilizado a las agencias de publicidad del país e incluso se ha puesto en contacto con la empresa de Elon Musk, de la que se ha importado material de comunicación para que el país pueda mantener una presencia en línea, llevar a cabo ciberataques y contar a los rusos «su verdad».
La propaganda ucraniana incluye exageraciones y falsedades, declaró Dmitri Alperovitch (estadounidense de origen ruso, cofundador de CrowdStrike), señalando que muchas de sus afirmaciones eran «dudosas o se había demostrado que eran falsas». Por ejemplo, la afirmación de Mykhailo Fedorov (viceprimer ministro ucraniano) de que la Bolsa de Moscú, que el lunes estaba fuera de línea, seguía sin funcionar al día siguiente debido a un ciberataque del ejército cibernético, resultó ser falsa.
El otro aspecto de la propaganda ucraniana radica en que la batalla de la información y la transparencia de los ciberataques (que los rusos no revelan) pueden seguirse en Telegram, donde se publican los objetivos para adelantarse a las desmentidas rusas.
Al final, todos somos víctimas de la desinformación y la propaganda de las partes beligerantes.
Tras haber permitido durante años que la desinformación rusa se instalara en nuestras democracias, nuestros medios de comunicación sirven hoy de altavoz a la propaganda ucraniana. De hecho, el país se ha ganado rápidamente la opinión pública internacional.
Observamos una diferencia de método: los rusos llevan varios años apostando por una estrategia a largo plazo con propaganda a través de los medios tradicionales (radio, televisión, trolls en blogs, prensa), mientras que los ucranianos utilizan medios instantáneos, principalmente las redes sociales.
Los más perjudicados siguen siendo los pueblos ucraniano y ruso, que son los primeros en ser manipulados. Sin embargo, se observa un despertar de las conciencias en Rusia, cuyo pueblo se encuentra aislado del mundo debido a las sucesivas restricciones a los servicios de Internet y a la información.
De hecho, la demanda de VPN (para eludir la censura) está alcanzando niveles sin precedentes, con un aumento de las solicitudes de servicio que, el 14 de marzo de 2022, alcanzó un pico de más del 2 700 %. La demanda se mantiene fuerte desde entonces, con un promedio superior al 1 000 %. Los rusos recurren en masa a las VPN para acceder a Facebook e Instagram y seguir la guerra a través de otra propaganda.
Los gigantes digitales supieron sacar partido de la COVID-19; la historia se repite con el drama que se está desarrollando a las puertas de Europa. La desinformación se ha vuelto tan predominante y creíble que están surgiendo servicios basados en la inteligencia artificial para detectar las noticias falsas.
¿Podemos confiar en estos algoritmos que se supone que distinguen lo falso de lo verdadero? Dependiendo de nuestras opiniones, eso también dependerá del país en el que se encuentre la empresa que los desarrolla...
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